Frenesí.

No como, no duermo,

pero, sobre todo, 

no sueño.
A besos deliro,

las teclas suspiran

mi sexo rendido.
Las vendas retiran los ojos.

Los ojos se manchan de olvido.

El olvido castiga al silencio

con pesares y ruidos.
Los ruidos pasean al cojo

el cojo se aproxima tranquilo.

Tranquilo andaba el poeta

que acuchilla su último latido.
El latido daba ritmo a su letra,

esa letra que nunca tuvo sentido.

El sonido de sus vocales cuerdas

aceleran el pulso fluido.

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