Las cosas que, quizá, nunca te dije.

En un mundo en el que el teléfono ya aburre, las cartas tardan demasiado en llegar y las seis horas de espera en un autobús impacientan tanto para una sola visita… por aquí te escribo.

Espero que no te resulte extraño que lo esté haciendo, quizá seamos los únicos a quien se lo resulte, pero en Madrid ya ha llegado el invierno, para mí.
”Dejar caer las hojas para que brote algo nuevo” Eso es lo que llevo pensando durante mucho tiempo y se ha salido durante estos días a flote. El vacío te alcanza cuando ves que algo no funciona, que ves que no brota nada nuevo y que las hojas muertas no terminan de caer. Buscas, indagas en qué es lo que está fallando. Deshechas muchas de las hojas y, al parecer, no. Nada ha cambiado y creo que me doy cuenta del por qué: porque el problema quizá no estuviera en esas hojas, porque quizá me haya equivocado al desprenderme. Para mi ha llegado el otoño hace mucho, mucho tiempo. Necesito que esas hojas secas por las que mis raíces están muertas se dejen caer, no solo desprenderme yo. Quiero que vuelva a ser para mí primavera. Quiero volver a sonreír de verdad y que mi vida solo sea de ilusiones. Que mis hojas frescas no se caigan en el primer vientecillo y que las hojas muertas no se apeguen al quinto huracán.
¿Qué es lo que necesito? Muchas veces me lo has preguntado y quizá aún no lo sepas, eso no lo se. Pero no puedo entenderlo.
Necesito no irme llorando cada noche, que confíes en mi pero, sobre todo, que lo hagas en tí mismo. Que hagas lo que tengas que hacer por ti sin preguntarme primero. Que disfrutes de tu vida y que no te pierdas absolutamente nada. Que no te arrepientas de nada porque no se te ha hecho tarde. Que tengamos aventuras, ilusiones, chispa y magia. Que no lo tengamos todo planeado y que sean los días inesperados y las sorpresas las que guíen nuestra pareja, claro que eso es difícil a distancia. Que nos miremos con las mismas caras de enamorados que hace cuatro años. Que no me digan que te han visto salir llorando de tu habitación, por mí. Que no nos hagamos más daño y, tal vez, que nos veamos más. Que quieras y practiques como frase de nuestra vida el ”si quieres, puedes” pero que no te olvides que también existe el ”si la quieres, cuídala” y que yo no me olvide tampoco. Que viajemos. Ni yo misma sé lo que necesito, quizá lo que me quede por decirte es eso.
Solo sé que tengo la sensación de querer pasar rápidamente los días de un calendario para volver a verte, y qué triste es querer que los días pasen porque me siento incompleta.
Tengo la sensación, también, de haber subido muchos escalones de golpe y , de pronto, quedarme estancada en el décimo peldaño (y muchos me parecen) con un cielo nublado de fondo y sin vistas a nuestro oasis. Que cuando llevamos mucho tiempo sin escalar y sin subir peldaños, o bajamos todos de golpe o uno a uno o tenemos que subir una gran cuesta que nunca llega. Y no creo que nunca llegue. No quiero que pasen cinco monótonos años de aquí adelante, estar esperando que me pidas algo que tampoco llegará o que quizá me lo pidas y darme cuenta de que no es lo que quiero. No sé. Sé que se me queda mucho en el tintero, pero está oscureciendo y no tengo ganas de escribir más.
Te quiero.
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